De niña, la realizadora Lissette Orozco admiraba más que a nadie a su tía Adriana por su fuerza e independencia. Hace cuatro décadas que Adriana Rivas vive en Australia y su última visita a Chile -hace doce años- se vio interrumpida al ser detenida por estar vinculada al llamado Caso Conferencia, que desembocó en el asesinato y desaparición de cúpulas del Partido Comunista en 1976 y 1977. Rivas aprovechó el arresto domiciliario para huir del país y le encargó a su sobrina que se preocupara de su defensa y limpiara su nombre.

En la película, la documentalista va haciendo un ejercicio de dolorosa iconoclasia al ir desarmando la imagen que tenía de su tía. A medida que avanza el documental el espectador acompaña el proceso de la realizadora al ir descubriendo cuál era su real relación con el régimen militar y su transformación al pasar de ser una secretaria bilingüe de 19 años, a ser la asistente personal del ex jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia, DINA, Manuel Contreras y, posteriormente, integrante de la Brigada Lautaro.