La mamá de mi abuela le contó a mi abuela:
Una nostalgia heredada

¿Se puede tener nostalgia de lo que no se ha vivido?. ¿Añorar volver a recorrer calles que ni siquiera tenemos certeza de que existieron? 

Si se puede. Eso es extrañar aquello que de tanto escucharse se transforma en un recuerdo mas vivo en el presente que el pasado propio. Es la tradición oral, aquello que nos contaron alguna vez. Es una suerte de linaje de comunidad que nos emparenta con hilos tenues a este pasado no escrito y que tiene la fragilidad de lo irrepetible.  Aquella historia que mezcla leyenda y realidad con naturalidad, y que de no ser contada, desaparece para siempre. 

La mamá de mi abuela le contó a mi abuela (2004), de Ignacio Agüero es la historia de los recuerdos de una comunidad, la de Villa Alegre, y de sus esfuerzos por contarlos en una única obra de teatro, coordinada por Héctor Noguera e interpretada por sus propios habitantes. El realizador logra que, desde esta historia tan íntima, conectemos con nuestra propia intima historia.

En este documental, como es propio de la obra del realizador, Ignacio Agüero ocupa una historia para contarnos otra, y finalmente dejarnos reflexionar sobre nuestras propias vivencias. Si en Cien niños esperando un tren, nos invitó a conocer un taller de Cine para niños en una población obrera, para finalmente contarnos sobre la represión de la dictadura que marcan a esa infancia;  en La mamá de mi abuela le contó a mi abuela,  la excusa de la obra de teatro de la comunidad nos sirve para adentrarnos en esta memoria comunitaria que se resiste a ser olvidada.

Así resulta particularmente triste observar en el documental la intención de los jóvenes de Villa Alegre de que, tan pronto como sea posible, abandonarla para ir detrás de la ilusión de un mejor vivir en la ciudad.

El tradicional acercamiento indirecto a la historia central y la evocación a lo perdido que suele hacer Agüero que hace en sus obras resulta particularmente eficaz para evocar recuerdos propios en el observador que complementan la experiencia del documental. Lo vemos claramente en Cien Niños esperando un tren (1988), Aquí se construye (2000), y en su recientemente estrenada Nunca subí el Provincia (2019), 

El documental en su conjunto se percibe desde el principio, con la escena de los viñateros, intencionadamente inacabada, como si fuera sólo un material a trabajar, y que invita al observador a complementarlo con urgencia, lo que convierte a la película de Ignacio Agüero en una obra sensiblemente distinta a cada observador de esta.

Para mí, es recordar la infancia en los 80´, la harina tostada para los niños y el vino para los grandes. La única vela que ilumina la mesa y escuchar la gastada voz del viejo, observar sus duras y agrietadas manos de trabajo, el rostro marcado por los años, y los ojos brillantes y jóvenes como la luz de la vela al contar aquellas historias. Tiene sonido a bolero y vals peruano, y olor a norte.

Así vista, el documental ya no es sobre la historia de Villa Alegre. Puede ser la historia de Livilcar, Tierra Amarilla, Canela, Chincolco, El Ingenio, Hierro Viejo, El Sobrante, Lo Rojas, San Pedro. De tantos pequeños pueblos, orgullosos de sus propias leyendas y gestas, que evocan en sus fiestas un pasado esplendoroso, su fe, o el retorno de lo que los hizo ser en sus recuerdos, sea este el ferrocarril abandonado o del rio depredado, y de tantas abuelas y tantos abuelos que quieren contarnos esa historia.

Andrés García Rojas

La mamá de mi abuela le contó a mi abuela
Dirección de Ignacio Agüero

“Álvaro: Rockstars don’t wet the bed”:
Melancolía de volver a un Chile que nunca existió.

Álvaro: Rockstars don’t wet the bed (2019), de Jorge Catoni, es un documental biográfico que en 93 minutos nos relata la vida artística y personal de Alvaro Peña, un hombre que hizo en su vida lo que quería hacer.
El realizador nos cuenta esta historia con dinámica, mezclando lo lúdico con lo emotivo, y obedeciendo a un orden temático y cronológico. Para esto se sirve de un extraordinario trabajo de investigación; utilizando registros inéditos, fotografías, audios, VHS de recitales y entrevistas.

Parece difícil plasmar en esta hora y media de documental la obra de un artista musical con más de 70 discos publicados, un vanguardista de la escena europea de los 70´, con una obra muchas veces tan incómoda como brutalmente honesta. Por lo mismo, el realizador Jorge Catoni abandona premeditadamente ese objetivo, presentándonos un documental que puede ser tanto un homenaje, como una presentación o un epitafio de Álvaro Peña. Así, el documental abandona la pretensión de ser agradable o estético como fin, y esta decisión del realizador vuelve al documental tremendamente auténtico, natural, honesto.

Este es el segundo documental de Jorge Catoni, después del Parra menos Parra (2014). En las dos ocasiones a elegido como personaje principal a hombres de la tercera edad que han dedicado su vida al arte, pero con escaso reconocimiento; pero que así y todo han porfiado décadas por vivir (o sobrevivir) de lo que les apasiona. Aquí la obra del realizador se asemeja a la obra realizada. Tanto director como personaje son orgullosos autodidactas sin financiamiento ( o autofinanciados), que buscan contar una historia auténtica mas que estética.

Uno de los elementos mas interesantes del Álvaro: Rockstars don’t wet the bed, es el encuentro de este personaje con dos almas. Por un lado está aquel Álvaro que reside en Alemania, que vive a las orillas del lago Constanza, y que viaja con pasaporte Alemán a visitar a unos amigos; y por otro lado está este otro Álvaro que honestamente nunca se fue de Chile, y que vuelve a recorrer las calles de su infancia y juventud a buscar un Chile que fue imaginado en la ausencia, y que probablemente nunca existió, y que brilla mas lindo a la distancia.

Álvaro, de Jorge Catoni es un relato de un fracasado obstinado, que tal vez tiene miedo de triunfar, pero que desea alguna vez, por un momento, ver el mundo desde la vereda del éxito. Es el relato de quién viaja a su país de origen buscando un retorno espiritual al Chile de los recuerdos, esperando la gratitud de un Chile ingrato, indiferente. Como dice una de
sus canciones: “Un hombre, caminaba su senda buscando vagamente el ancla de su vida”, otra de sus letras dice “Por favor no me miren en menos”.
Álvaro es también la historia de un hombre mayor, y de un país que dejaron (y los dejó) atrás.

Andrés García Rojas

Álvaro: Rockstars don’t wet the bed
Dirección de Jorge Catoni

 

El Chacal de Nahueltoro:
Las prosas de Jorge del Carmen Valenzuela Torres. 

Littin, siempre Littin en su cronología y la comprensión de la obra, con escenarios más reales que la percepción de lo real. Una película con aires esenciales de emociones que guían la rivalidad de la razón y la ignorancia.

Actuaciones detalladas con una ambientación del Chile desconocido, la travesía del protagonista y su educación a través de la teología para tener en razonamiento el sentido del actuar; Ser humano en su evolución ha puesto su cumbre en la actuación de Nelson Villagra como “El chacal”, contamos con recursos que hacen de este film una herramienta de manifiesto, Littin juzga a través del lente el juego social y la justicia absurda en la cual se ha contextualizado la obra.

Una fuente poética se hace ver con claridad, las potentes estructuras donde se desarrollan las escenas y razonamientos de “El chacal”, la muerte como objeto de vida, la oscuridad y su relación con el vacío humano, lo sombrío y lo bello, el debate de la religión y lo abstracto.

Una pieza lograda meticulosamente llena de dilemas morales, percepciones y belleza. No sobreexplotada con silencios inentendibles, lograda en todo aspecto.

Un culpable que ha sido presa de la falta de recursos y el sentido de la razón, la muerte y las palabras han sido la copa de arte que mira Littin en el abismo del crimen.

Benjamin Jesus De la Rosa

El Chacal de Nahueltoro
Dirección de Miguel Littin

Los Reyes:
Un teatro urbano

No existe un quiebre del territorio, cuando la razón y el comportamiento de Fútbol y Chola son actores sociales de el parque donde tranascurre Los reyes. Una experimentación clave, llena de conexiones.

Una documentación del paralelismo en el territorio urbano de Santiago, donde se desarrolla una secuencia de actos en relación a los personajes y su construcción social, la posición que toman es una muestra de creatividad en los directores.

Cada espectador abrirá su percepción a diferentes espacios, a diferentes composiciones, disfrutara de la fotografía y sentirá en su piel los pasos de los verdaderos reyes de el parque.

Se utiliza el lente como un juez, donde da a conocer las vidas de estos “skaters” y sus problemáticas en el contexto actual; La vida de los ya mencionados y sus conversaciones son la clave de este film.

No se puede dejar de lado el sonido, la recreación de lo cotidiano que se incluye en esta documentación de Chola y Fútbol , como ellos perciben y crecen adaptándose a diferentes estaciones y recorriendo diversas situaciones del país.

Benjamín Jesús De la Rosa

Los Reyes
Dirección de Bettina Perut e Iván Osnovikoff

Amukan: 
El legado cultural y el camino personal

“Amukan”, estrenada en 2019 y dirigida por Francisco Toro, es una película que nos habla sobre la identidad. Sobre la disyuntiva entre honrar las costumbres ancestrales de quienes vinieron antes; y la de encontrar tu propio camino, aún con la sensación culposa de estar dando la espalda a tu pueblo. Trata sobre los deseos del individuo versus la responsabilidad que se tiene con la comunidad. 

Nuestro protagonista Nekul, personifica al “amukan” del título (“errante” en español). Vive aislado con su familia en las remotas montañas de la cordillera, donde viven según los antiguos hábitos de su pueblo pehuenche. Nekul, solitario y silencioso, viaja junto a su padre cruzando el territorio en busca de trabajo, mientras su hermano y su madre se quedan en casa. Éstos viajes y situaciones dejan en evidencia la fricción en la relación que tiene con su padre, un hombre alcohólico y oprimente, que valora la tradición por sobre todo. Mientras trabaja para una empresa encargada de construir un camino, el joven Nekul se interesa por la idea de la gran ciudad, gracias a la influencia del jefe de obras. La atracción de encontrar un camino personal lejos de su familia generan dudas y culpa en Nekul. El joven se siente a la deriva, sólo en la inmensidad campos abiertos a los pies de la montaña, donde sus únicas interacciones son con sus familiares. Luego de la muerte de su padre y la repentina enfermedad de su madre, Nekul se embarca en un viaje a la ciudad, en busca de una cura.

Es en este punto donde la estructura de la película puede fallarle a algunos. Cuando Nekul llega a la ciudad, la película se salta lo que normalmente sería el clímax de la historia, dejándonos de repente en el epílogo. Entonces Nekul nos cuenta en voz en off el destino de su familia y el suyo propio. Llega a sentirse anticlimático, al perdernos el punto de inflexión más importante de la historia, donde Nekul finalmente toma la decisión que lo ha acomplejado toda la película: seguir su instinto y encontrar su propia historia en la ciudad. Sigue siendo un errante, pero el camino es suyo.

El repentino final no quita mérito a una película con un aspecto técnico muy bien logrado. La cámara aprovecha al máximo el escenario donde se desarrolla la historia, entregándonos hermosos y solitarios planos generales del paisaje cordillerano durante el día; contrastados con un juego de luz cálida y sombras danzantes durantes las noches, junto a la fogata. El apartado sonoro no se queda atrás, con una colección de sonidos naturales que te sumergen en el ambiente de la montañés.

“Amukan” nos presenta una temática de suma importancia para los jóvenes descendientes de pueblos originarios que, sumada a un guión hablado casi completamente en mapudungun, le da a la obra un gran valor identitario y la transforman en un importante aporte al contexto cultural del país.

Rodrigo Montecinos

Amukan
Dirección de Francisco Toro

“Huacho” y el campo abandonado

“Huacho”, ópera prima de Alejandro Fernández, retrata un día en la vida de una familia rural de bajos recursos, mostrando cómo las distintas generaciones que la componen se relacionan con la modernidad que se les viene encima. La madre y el hijo deben enfrentarse a ella en sus viajes diarios a la ciudad de Chillán, mientras que los abuelos aunque se mantienen al margen quedándose en el campo, tampoco pueden escapar de ella.

La historia se divide entre los 4 integrantes de la familia, con cada uno enfrentándose a problemas que pueden ser distintos pero que juntos representan uno solo, relacionado con la sustentabilidad de su estilo de vida. La abuela Clemira vende queso en la carretera y cuando sube el precio de la leche, se ve obligada a vender más caro o perder ganancias. La madre, Alejandra, trabaja como cocinera en una especie de granja para turistas, con un sueldo que no le alcanza para pagar las cuentas de la casa. Manuel es el más joven y tiene interés por los videojuegos, pero solo tiene acceso a través de sus compañeros de colegio quienes lo marginan, por lo que pasa el tiempo solo. El abuelo Cornelio, ya no puede trabajar tan bien como antes por su edad y lo envuelve un sentimiento melancólico de haber perdido su propósito.

Al vivir lejos de la ciudad, los personajes pasan mucho tiempo viajando de un lado a otro, en micro, en bicicleta, en autos de vecinos o a pie. Estas secuencias son las más pausadas y reflexivas de la obra, con segmentos prolongados de silencio donde la cámara en mano sigue a los protagonistas con planos cerrados que dan la sensación de estar a su lado, acompañándolos en sus cansados viajes.

Son todas situaciones con las que uno no puede evitar sentirse identificado, y entre los 4 personajes, más de uno te recordará a un familiar o conocido. A esto se suma el hecho de que los actores no sean profesionales, por lo que sus personajes parecen mucho más reales, como si fuera un documental.

Gracias a estos elementos Alejandro Fernández logra retratar vívidamente este estilo de vida rural que se va haciendo cada vez más difícil y precario, donde falta el dinero y las oportunidades. A la familia de “Huacho” no solo le falta un padre, también ha sido abandonada por la modernidad y el sistema. 

Hay un detalle destacable que en una escena pasa desapercibido, pero que puede resumir este aspecto temático de la película. Es la escena donde Manuel está en el colegio y su profesor, desganado, lee a la clase un poema de Jorge Teillier, “Edad de Oro”. Teillier solía escribir sobre el concepto de una edad de oro, que consistía en volver a una pureza propia de la niñez, volver a un mundo rural de los campos, aldeas y paisajes. Mientras lee, el profesor es interrumpido por los murmullos de los alumnos. Exasperado, les pide silencio, para que puedan terminar de una vez con el tema y poder pasar a “algo más entretenido”.

Rodrigo Montecinos

Huacho
Dirección de Alejandro Fernández Almendras